El interés compuesto consiste en que los rendimientos generan, a su vez, nuevos rendimientos. Al principio el efecto apenas se nota; con los años, se convierte en la parte principal del crecimiento.
Un ejemplo sencillo
Con una rentabilidad hipotética del 5 % anual, 10.000 € se convierten en unos 16.300 € en 10 años y en unos 26.500 € en 20 años. En la segunda década se gana bastante más que en la primera, sin aportar nada adicional. Es un cálculo ilustrativo: la rentabilidad real no es constante y puede ser negativa.
Empezar antes frente a acertar el momento
Intentar entrar "en el mejor momento" suele salir caro: los mejores días del mercado tienden a llegar cerca de los peores, y perderse unos pocos reduce mucho el resultado final. Aportar de forma periódica, cada mes, reparte el riesgo de entrada y convierte el ahorro en un hábito.
Los tres enemigos del interés compuesto
- Los costes elevados, que se componen igual que los rendimientos, pero en tu contra.
- La inflación, que reduce el poder adquisitivo de lo que acumulas.
- Interrumpir el plan: vender en una caída rompe el efecto acumulado justo cuando más importa.
Cómo usar un simulador con cabeza
Un simulador sirve para entender órdenes de magnitud, no para predecir. Úsalo con rentabilidades prudentes, prueba escenarios peores y recuerda que los resultados son antes de impuestos, comisiones e inflación.
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¿Lo vemos con tus números?
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